5 de noviembre de 2012

Siete compromisos capitales en la lucha contra el hambre



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“Hambre de Justicia. Siete compromisos capitales en la lucha contra el hambre” es una de las últimas publicaciones de la campaña “Derecho a la alimentación. Urgente”, con la que se quiere ofrecer reflexiones, ideas y propuestas que ayuden a encontrar posibles caminos a esas personas inquietas, comprometidas, a las que los derechos humanos les parecen mucho más que una declaración.

¿Qué puedo hacer yo? es la pregunta que deberíamos hacernos quienes no nos conformamos con asistir como meros espectadores al drama del hambre.

En el mundo hay más de 3.000 millones de personas que sufren malnutrición, situación que puede tener un importante impacto en su salud: 1.000 millones por subnutrición, debido a la escasa ingesta calórica que no cubre las necesidades que tiene el organismo; otros mil millones debido al hambre oculta, que se produce cuando hay carencia de vitaminas y minerales; y los últimos mil millones por obesidad, que también es un tipo de malnutrición producido normalmente por excesos y/o desequilibrios en la ingesta alimenticia, que provoca graves problemas de salud.

Pero el problema del hambre tiene muchas causas. Uno de los factores que intervino en la crisis alimentaria de 2008 y que vuelve a estar presente en la inestabilidad de precios de los alimentos desde final de 2010 es la especulación financiera con materias primas alimentarias. Se estima que en apenas cinco años las inversiones en este campo se dispararon, pasando de 35.000 a 300.000 millones dólares. Bancos de inversión, fondos de pensiones y de alto riesgo (hedge funds) se están dando un festín a costa del hambre de millones de personas.

Es probable, además, que la reserva mundial de alimentos no pueda mantenerse a la altura de nuestra gula. Los expertos explican que para producir un kilo de carne de vacuno se necesitan una serie de recursos: tierra, agua, etc. que permitirían producir 16 kilos de cereales. Así por ejemplo, de los 800 kilos de cereales consumidos por cada persona al año en los Estados Unidos, solo alrededor de 100 kilos son consumidos directamente en forma de pan, pasta y cereales para el desayuno; el resto es consumido indirectamente en forma de carne de vacuno y productos avícolas.

La FAO publicó en 2011 un informe en el que explicaban que se pierde un tercio de los alimentos que se producen para consumo humano en todo el mundo. Los alimentos que adquirimos y que muchas veces terminan en la basura, incrementan la demanda global de alimentos y contribuyen al alza de los precios de los alimentos sin necesidad. Además, optar cuando sea posible por comprar productos de producción local puede tener un menor impacto ambiental (ya que esos alimentos viajan menos) y no colaboran con el mantenimiento de un sistema agroalimentario profundamente injusto.

Respondiendo a la pregunta del inicio, puedes buscar información sobre la realidad del hambre en el mundo y sobre sus causas; utilizar las redes sociales para contactar con los partidos políticos y reclamarles mayor atención sobre la cooperación al desarrollo y la lucha contra el hambre; informarte de las inversiones que realiza tu entidad bancaria y si no te convence trasladar tus ahorros a otra entidad que aplique criterios éticos; ser consciente de qué implicaciones tiene tu dieta y comprar solamente lo que vas a consumir… Estas propuestas no son las únicas, ni puede que las mejores para tí. Eso lo decides tú.

Anímate y contribuye a poner freno al problema del hambre. Porque como señala una de las citas del libro, de Confucio: “Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces, entonces estás peor que antes”. Descarga la Guía de aplicación práctica del derecho a la alimentación aquí.

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