4 de febrero de 2013

Solidaridad y compromiso como bien común

 

Después de 4 años de sucesivos recortes con diferentes gobiernos, la política pública de cooperación al desarrollo está gravemente herida. Más de 30 años de esfuerzos y de importantes logros pueden verse paralizados, sumiendo en la pobreza y en la exclusión a millones de personas, tras un recorte acumulado del 70% en el presupuesto destinado a ayuda oficial al desarrollo (AOD), a lo largo de estos últimos 4 años. Primero fue un recorte de 600 millones, después otro de 1.031, después otro de 1.205 y el último de casi 158 millones. En total 2.994 millones menos, que sitúan la AOD en un 0,2% de la renta nacional bruta (RNB), muy lejos de las demandas y de los compromisos adquiridos para destinar el 0,7% de la riqueza del país a cooperación al desarrollo. La gravedad de la situación no tiene precedentes.

Pero las decisiones de nuestros gobernantes a este respecto no son compartidas por una buena parte de la ciudadanía. Según una publicación monográfica del semanario digital Vía 52 “las críticas a los recortes a la ayuda al desarrollo son la cuarta causa de queja en las cerca de 90.000 cartas que recibió Presidencia del Gobierno en el año 2012, por detrás de temas como el apoyo a la huelga general del pasado 14 de noviembre o la petición de prórroga al plan Prepara para desempleados”.

Cada vez son mayores las demandas sociales de diálogo y participación. Señala el profesor de la Universidad de Málaga, Marcial García, que “las personas no son objetos de cambio sino sujetos del cambio… y por tanto es necesario activar procesos de comunicación dialógicos y participativos”. Cada vez más, el conocimiento se construye de manera colectiva y para ello es necesario que la ciudadanía tome conciencia de sus potencialidades como sujeto de transformación social, como así está ocurriendo. En este proceso, las organizaciones de cooperación no siempre hemos caminado a la par de las inquietudes de la sociedad y hemos olvidado, con frecuencia, que la fuerza de nuestras demandas pasa por la ilusión, la implicación y la valentía de la ciudadanía. Debemos recuperar el verdadero sentido de la solidaridad, como una actitud que relaciona e implica a cada persona con las demás, una alternativa frente a la desigualdad que nos mueve a actuar para cambiar las injusticias. La solidaridad debe volver a ser entendida como una cosa de todos, como un bien común.

Vía Prosalus

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