5 de marzo de 2013

El agua no es neutra

 

En algunas zonas de África, las mujeres y los niños pasan ocho horas al día recorriendo de 10 a 15 kilómetros, para trasladar una media de 15 litros de agua por viaje. Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), las mujeres en África subsahariana dedican alrededor de 40.000 millones de horas anuales a la recolección de agua, cifra que representa el trabajo de un año de toda la población activa de Francia.

La recogida de agua forma parte de las desigualdades de género. En las zonas rurales de Benín, las niñas de entre 6 y 14 años emplean una media de una hora al día recogiendo agua, frente a los 25 minutos que emplean sus hermanos. Cuando es necesario recorrer largas distancias para recoger agua de las fuentes distantes, existen una serie de riesgos - directos e indirectos- para la salud. Las mujeres son generalmente las que recogen el agua y las cargas pesadas que llevan pueden causar lesiones espinales, además de que pueden ser atacadas físicamente mientras realizan esta tarea.

El saneamiento es otro de los grandes retos a afrontar para superar las desigualdades de género. Algunas normas culturales no aceptan que las mujeres sean vistas haciendo sus necesidades, forzándolas a salir de casa antes del amanecer o al caer la noche para mantener su privacidad, exponiéndolas a situaciones de inseguridad física. Un problema añadido cuando las mujeres tienen que esperar hasta el anochecer para defecar y orinar al aire libre, es que se ven obligadas a reducir el consumo de agua durante el día, provocando infecciones del tracto urinario. Si hablamos de los sistemas de saneamiento en las escuelas, las letrinas suelen ser diseñadas por hombres, que no tienen en cuenta las necesidades especiales de las niñas, que las obliga a dejar de asistir al colegio en el período de menstruación.

El agua como derecho humano. El acceso al agua y al saneamiento es un derecho humano, que se define como “el derecho de todos a disponer de agua suficiente, salubre, aceptable, accesible y asequible para el uso personal y doméstico” y se establece la obligación de los Estados Partes de garantizar el ejercicio del derecho al agua sin discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo, religión, estado… debiendo prestar especial atención a las personas o grupos de personas que tienen especiales dificultades para ejercer tal derecho, en particular las mujeres, por la desproporcionada carga que recae sobre ellas en la obtención del agua, especialmente en los países empobrecidos. Dentro del ámbito de los derechos económicos, sociales y culturales, el derecho al agua, junto con el derecho a la alimentación, tiene una peculiaridad: la posibilidad de su ejercicio condiciona el disfrute de otros derechos, como el propio derecho a la vida. Cada día, unos 4.000 niños y niñas menores de 5 años mueren a causa de enfermedades relacionadas con el agua.

La gestión de los recursos hídricos es incompleta sin una perspectiva de género porque mujeres y hombres tienen roles de género diferentes y cambiantes que están estrechamente ligados a relaciones de poder desiguales. Las mujeres y los niños proporcionan prácticamente toda el agua que necesitan los hogares rurales. La mujer sabe donde se encuentran las fuentes locales de agua y conoce su calidad y potabilidad; la recoge, almacena y controla su uso e higiene. Comprender los roles de género contribuirá a planificar las intervenciones y políticas de agua y será la clave del éxito de toda política y programa para el desarrollo de los recursos agua y riego. Por ello, es imprescindible facilitar oportunidades para que las mujeres participen en las decisiones acerca de políticas y programas ambientales a todos los niveles: diseño, planificación, realización y evaluación.

Artículo completo en la Revista Prosalus nº 97 “Género y derecho al agua”: http://www.prosalus.es/web/publicaciones/publicacionesPeriodicas.asp

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